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Amstel Gold Race, la carrera “de la cerveza”

16 abril 2010

Hola, amigos del trance

Sé que me prodigo poco, y aunque el conocimiento de esta circunstancia no me consuele a mí, y espero que tampoco al personal que por aquí en ocasiones se pasa, sí quiero dejar bien claro, clarito, meridiano, que entre mis intenciones corto y medioplacistas no está la de dejar de escribir en este rincón que tan buenos ratos me ha hecho pasar. Lo prometo.

Por ahora, fijaros que no ando parado, os dejo esta previa de una carrera preciosa, intensa, muy bonita, de ciclismo, qué si no, que tiene lugar entre Maastricht y Valkenburg, ciudades holandesas situadas en la provincia de Limburgo, limítrofe con mi querida Bélgica, que apenas están separadas por unos kilómetros pero que durante la carrera para llegar de la primera a la segunda, dan un rodeo de más de 250 km. Malditos organizadores.

Es la Amstel Gold Race, la carrera preferida de Ernesto de Hannover.

Os dejo aquí una parte de la previa, la que dado cualquier caso de locura transitoria en vuestras mentes de persona, podría interesar más. Aunque no super extensa, esta es la historia de la carrera.

El 30 de abril de 1966, mucho más joven que las carreras a las que en ocasiones se le compara, nació la Amstel Gold Race bajo el amparo de un conocido organizador de carreras holandés, Herman Krott, cuya pasión por el ciclismo no se encontraba sólamente en las intenciones de organizar una carrera en su país que pudiera competir con el Tour de Flandes y las otras grandes carreras de la zona. Krott también dirigía un equipo, el Amstel Race, de donde salieron grandísimos talentos de la bicicleta como Theunisse o Zoetemelk (quien ganara la Amstel Gold Race en 1987, con casi 41 años y tras más de 15 intentos).

Herman Krott, apoyado en sus colegas Charles Ruys y Ton Vissers (quien dirigiera a Rick Van Looy en el Willem II  Professional durante un año), consiguió así, con un escasísimo presupuesto y gracias al apoyo de la empresa cervecera Amstel, que también patrocinaba su equipo, dar salida ese día de abril del 66, en el día nacional del país del tulipán, a una carrera que tuvo como vencedor al francés Jean Stablinski. Y, a pesar de los mil y un inconvenientes que surgieron en los precedentes a la carrera, la conclusión exitosa de ésta supuso un impulso en las intenciones de Krott, Ruys y Vissers, que dieron constancia a la organización de la Amstel Gold Race hasta el presente.

En la actualidad incluso permanece la familiaridad de la carrera, ya que el director de la carrera es Leo Van Vliet, antiguo corredor del Amstel Race que estuviera a las órdenes de Krott (que le cedió su cargo como organizador en 1995).

Históricamente hay un corredor que marca la carrera que cursa en su mayoría los estrechos caminos de la provincia de Limburgo; Jan Raas, además de poseer varios Monumentos del ciclismo como la MSR, PR o De Ronde, y ser Campeón del Mundo, ganó en cinco ocasiones la clásica holandesa, sometiendo así la prueba durante unas ediciones donde competió con corredores de muchísimo nivel como Hinault, Kuiper, Moser, Zoetemelk, Maertens o Planckaert.

Jaan Raas, cinco veces vencedor de la carrera

En la época más reciente es otro corredor local, Michael Boogerd, quien marca la actualidad de la carrera al conseguir un total de 6 podiums (4 veces 2º y 2 veces 3º) tras haber ganado la carrera en 1999 por delante de un Lance Armstrong (2 veces segundo) que se marcaba en aquellos años esta carrera como su punto más fuerte en primavera.

El ránking de victorias por países lo encabeza, como es lógico, Países Bajos, con 19 victorias (Raas, Knetemann, Boogerd, Dekker,…), seguido de Bélgica con 9 (Merckx, Maertens, Museeuw,…) e Italia con 5 (Zanini, Bartoli o Cunego). Otros vencedores han sido Hinault, Zabel o Fränk Schleck.

Cinco campeones del mundo, Raas, Kuiper, Moser, Zoetemelk y Maertens luchando por la victoria en 1978.
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Cancellara escribe la historia sobre los adquines de Flandes

5 abril 2010

El suizo consigue su tercer monumento en una carrera que pasará a la historia por su excepcional ascensión del Kappelmuur, la dificultad más mítica de la carrera

Así se escribe la historia, sobre los lugares trascendentales que en ciclismo separan a los corredores buenos de los que tienen un lugar reservado en el Olimpo ciclista. Desde las 9.15 de la mañana, fría y húmeda, cuando el grueso del pelotón partía desde Brujas en busca de los 260 kilómetros que le separaba de la meta en Meerbeke, se tenía la constancia de que el Kappelmuur decidiría, como es casi normal fiel a la carrera, quién podría o no ganar De Ronde van Vlaanderen. Antes de ello, la escapada del día, formada por Michele Merlo (Footon-Servetto), Mickael Ignatiev (Katusha), Olivier Bonnaire (BBox), David Boucher (Landbouwkrediet), Nicolas Rousseau (AG2R), Joost van Leijen (Vacansoleil), Floris Goesinnen (Skil-Shimano) y Vicente Garcia Acosta (Caisse d’Epargne), tomaban una ventaja de más de 10 minutos durante el terreno más asequible de la carrera, para luego perderla mientras se sucedían los muros que jalonaban una de las carreras más esperadas del año.

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Domingo de tradición, héroes e historia

31 marzo 2010

Mañana es abril. Mes de héroes puros y épicos que no perecen en el recuerdo ni en la historia. Días donde se gesta el recuerdo más impenitente del mundo ciclista, donde hoy, las hazañas del pasado tienen su única extensión real debido a una cultura que no hace honor a sus tiempos pretéritos. Lugares de peregrinaje, muros de adoquines que soportan la pasión de unos cuantos y el sueño de muchos menos. Porque pocos son los elegidos que el próximo domingo podrán tener opciones de alzarse con la victoria en una carrera que, como si en una alineación de planetas se tratase, va a tener que soportar la expectativa de la historia. De ver al último gran mito belga (Tom Boonen) ascender el Kapelmuur en cabeza y con el maillot de campeón de su nación, que para más señas es flamenco y que tiene la oportunidad de igualar a su antecesor como mito (Johan Museeuw) en número de monumentos conseguidos o de ver a otro flandrien (Stijn Devolder), que tiene la posibilidad de conseguir su tercera De Ronde consecutiva igualando así el récord en este aspecto que sustenta por el momento un italiano (Fiorenzo Magni). Ciclistas locales que tienen la oportunidad de, en muchos casos, superar a otros mitos belgas como Van Looy, De Vlaeminck o Museeuw en la historia de este día tan esperado en la tradición de un país.

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Estupendamente

29 marzo 2010

Uno puede sentirse bien, ser feliz, de maneras diferentes. Encontrando en la intensidad o la energía de un momento o en la tranquilidad de otro, una felicidad y bienestar equiparables y similares en su fin. El jueves y viernes de la semana pasada hice doblete en conciertos. Si bien ambos conciertos tenían diferencias en lo musical (quizás no demasiadas equiparando los últimos trabajos de los artistas principales), el final fue exactamente el mismo; la agradable sensación de haber vivido en la felicidad durante unas cuantas canciones.

El primero, y que ya concéis porque lo destaqué el viernes, el de Love of Lesbian y Dorian, en el Teatro Circo Price. Energía e intesidad con un resultado: conciertazo. Al día siguiente, viernes, fui al de The New Raemon (también comentado a veces en este blog), que contaron con The Baltic Sea como teloneros en la Sala Heineken. Y el resultado fue exactamente el mismo. El fin al que se llegó fue idéntico, aunque pasando por etapas diferentes. No hubo exhaltación ni locura, pero sí buen rollo, risas y música de muchos quilates.

Es la segunda vez que voy a un concierto suyo (el anterior fue en noviembre, con Pigmy y Francisco Nixon), y la sensación al terminar en ambos fue la misma; algo agradable, positivo. De sonrisa y buen humor. Porque eso es lo que transmite The New Raemon desde su comienzo en 2008 con A propósito de Garfunkel hasta Cuaresma (recientemente salido del horno en este 2010), con salvedades más intimistas y meláncolicas, claro, pero siendo fiel a una manera de ver y afrontar la vida. Con buen humor y buen rollo. Utilizando la canción más buenrollista de La dimensión desconocida, Estupendamente, titulo la entrada remitiéndoos a ella para saber cómo se siente uno tras un concierto de Ramón Rodríguez en su versión The New Raemon.

Un lobo lesbiano, espectáculo circense

26 marzo 2010

Aquí no se hablará de sexo ni de animales. Nada de zoofilia ni de zoología. Y aunque anoche excitaran y pusieran al personal como animales como pocos lo hacen, Love of Lesbian (léase Lobos Lesbian) lo que habló anoche fue conexión, energía… y música. Conexión con un público que ya venía caliente después de estar en cualquier otra parte con Dorian. Energía que transmitieron desde el primer tema; Donde solíamos gritar (toda una declaración de intenciones). Y, lo dicho, música, que para eso era un concierto.

Concierto en el lugar donde, dicho por ellos mismos, no podían dejar de tocar en Madrid; un circo. El Teatro Circo Price. Lo clavaron. De principio a fin enlazando temas e intercalando aunténticos himnos de estos culés reconocidos, que incluso se atrevieron a retar el humor lesbiano del público demostrando su fanatismo “polaco”. Estuvieron muy cercanos, siempre de la mano de Santi Balmes, voz y espíritu de estos fenómenos. Noches reversibles, Houston, tenemos un problema, Los colores de una sombra, Club de fans de John Boy, 1999, La niña imantada, Incendios de nieve, Las malas lenguas. Todos momentos delirantes. En el recuerdo quedarán también los disfraces de superguisantes en Te hiero mucho y la aparición de Vetusta Morla en Me amo.

Me dieron una sensación de buen rollo excepcional. Y no debí ser el único. Quien estuvo ayer en el Circo Price sabrá de lo que hablo. Todo el mundo salió con una sonrisa de oreja a oreja. Completo y divertido. No recuerdo un sólo concierto, y he estado en varios, que me hiciera disfrutar tanto. Repetiremos.

El apocalissssis en Madrid

18 marzo 2010

Un fallo sistemático múltiple provoca el caos en el transporte público y en los suministros energéticos de la ciudad

Madrid, 23 de mayo. Todavía no se conocen las causas de lo ocurrido ayer cuando, sobre las 22.30 horas, la capital de España sufrió un fallo múltiple en el sistema de transportes y de determinados suministros energéticos. Las administraciones implicadas trataron de poner solución a los problemas que, como norma, duraron en torno a 20 minutos. Los semáforos se pusieron todos, sin excepción que se conozca, en rojo. Lo que originó numerosos problemas circulatorios. El Metro dejó de funcionar como servicio público en sí, ya que, según testigos, no paraban en ninguna de las estaciones correspondientes.

Los técnicos encargados de revisar los fallos, que se sucedieron de manera instantánea, no han podido encontrar ninguna razón aparente para que, en este caso, las farolas de la Gran Vía madrileña dejaran de funcionar. El responsable del ayuntamiento, Juan Sapagao, comentaba que “en nuestro caso no podemos asegurar que haya sido un problema técnico. Fallaron varios tramos de la iluminación. Es todo muy raro”. En la misma línea se movieron en Metro Madrid: “No tenemos ni idea, algunas líneas iban bien, otras no… En el centro de control nada hizo indicar que había un problema técnico. Pero una alteración de motivación humana tan grande y coordinada es algo nunca visto… inusual en todo caso”.

La limpieza en la capital también se vio, según parece, alterada. Los servicios de ésta, en cualquier caso, no, ya que, como cada noche, los servicios estaban activos y eran efectivos. Pero la cantidad de suciedad no era común a la hora de pasar los servicios de limpieza. Uno de los operarios nos comentaba que “nunca había visto la ciudad así, de verdad. A veces hay más mierda que otras, pero nunca tanta cantidad. Parecía que se hubieran cagao del cielo”. Un hecho quedó en la mente de este operario, y es que, según nos contaba, la zona de Chamartín fue la que presentó más nivel de alteración urbana. “Sí, sí… papeleras rotas, cubos de basura por los suelos, desechos del carrefur tiraos por ahí… vaya, un desastre… toda la noche ahí recogiendo mierda. Espero que paguen estas horas estras“.

Lo cierto es que ayer, casualidades, era un día importante y trascendental para la ciudad. Se jugaba la final de la Champions League que enfrentaba al Manchester  United y al eterno rival del equipo en cuyo campo se jugó el partido, es decir, el FC Barcelona, que resultara vencedor por dos goles a uno. Este hecho preponderó en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y de la Villa de Madrid para que la ciudad registrara el menor número de incidentes posible. Y esto fue así, aunque la situación dada con posterioridad justo del partido supusiera un ligero contratiempo para los ciudadanos y la imagen misma de la ciudad.

Firmado: Antonio Pulga. Sucesos y Futurología.

No leí El Camino, de Miguel Delibes

12 marzo 2010

Confieso que a la edad de leer El Camino, de Miguel Delibes, fallecido esta misma madrugada a la edad de 89 años, proferí un odio que juré sería eterno hacia el libro del ya eterno de verdad escritor vallisoletano. No me cayó bien. Esto ocurre cuando a un culebra como el que escribe le haces leer algo que no quiere. Ni con calzador. Porque, además, y no me jacto de ello para nada, nunca fui un gran lector.

En todo caso, peor se lo llevaron Daniel El Mochuelo, Roque El Moñigo y Germán El Tiñoso. Lo de estos tres ya fue la Champions League de los odios adolescentes. No recuerdo con qué edad exacta me obligaron a leer y a hacer, con posterioridad, un trabajo sobre El Camino. Fuera la que fuera, competir con ídolos de la adolescencia fue un reto importante para uno de tantos libros que ni comprendía ni aceptaba que tenía que leer. He de decir que también dependía según qué libros.

Sin duda lo que complicaba aún más el disfrute de este libro, que hoy, por lo ocurrido, es el ejemplo perfecto, es la obligación de un trabajo descriptivo y comentario de texto de las aventuras del amigo Mochuelo. Aprobé. Ni idea cómo porque, reconozco hoy un secreto del pasado, no terminé de leer El Camino, de Miguel Delibes (es curioso cómo según qué libros o películas asocias el título e inexorable tras este, al autor o director). Y es que me superó. No sé cómo ni por qué, pero terminé haciendo un trabajo sobre el libro sin haberlo leído (cosa muy común, como todos sabéis).

El caso es que hoy me he acordado de esta historia de mi “oscuro” pasado. Y creo que tengo que leer El Camino, de Miguel Delibes. Tengo que reconciliarme con El Mochuelo, el zascandil de El Moñigo y con el tirillas de El Tiñoso.

Os contaré.