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Lo que nos da la propaganda

1 diciembre 2009

Creo en las personas. Creo que en los fallos de éstas como salvoconducto hacia una mejor acción. Una nueva versión, más consistente y mejorada, de lo errado con anterioridad. Creo en la responsabilidad del trabajo, y en hacer las cosas bien sin engañar a la gente que nos vamos encontrando por el camino. Creo en la solidaridad laboral, en el trabajo en equipo, en el liderazgo responsable y en la delegación de ese liderazgo, en el aspecto subsidiario de los líderes de opinión y acción. Creo en todo ello y en otras muchas cosas sin que tenga que ver con mi -por ahora inexistente- signo político.

Por eso no creo en este Gobierno. Estoy cansando de las entrevistas-fórmula que le hacen a sus representantes desde ciertos medios. Mítines que parecen la Pasarela Cibeles. Eso no es ser moderno. Es ser ridículo. Asqueado, un poco también, por el uso que se está haciendo de las herramientas de comunicación y marketing. Por cómo se está consiguiendo disfrazar el mensaje, que está cerca de ser vacuo si no lo es ya, y las palabras con mecanismos que deberían, en todo caso, ensalzar dicho mensaje con unas palabras transparentes. Cansado también, en concreto y de manera particular, de ese menosprecio hacia la inteligencia que suponen las continuas declaraciones de varios de sus representantes.

Desde publicaciones internacionales, que por su prestigio tienen legitimidad para valorar, hablan del paro como enfermedad crónica nacional. Además, explican que aquello que provoca que sea una enfermedad crónica es el seguro por desempleo. El paro. La paga. Mucho dinero por no hacer nada durante dos años. Empresarios que no se arriesgan -lógicamente- a contratar a personas que tienen dos años de desfase laboral. Economías sumergidas. Una auténtica ciénaga. Un lodazal. Una endemia que está siendo auspiciada por las políticas de un Gobierno que no vale más que para disfrazar mensajes y engañar. Para destinar dinero a un subsidio x por salvar otro x número de votos, y no a lo que en realidad es importante, una formación que cualifique.

Y eso es lo que nos da la propaganda. Un mal que se está conviertiendo, poco a poco, en endémico. Porque lo permitimos. Porque, aunque no lo creamos, todavía no tiene por qué serlo.

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