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Jugón

19 octubre 2009

No he tenido tiempo ni para pensarlo. Ni para pensar en él ni en lo que significó para el baloncesto y, en particular, para mí. No quería dejar de contar lo que Andrés Montes significó durante una época para el deporte. Y aunque su muerte tuviera lugar el pasado viernes, es justo concederle vigencia hasta que uno quiera. Porque Andrés se lo merece. Jugón.

La pasada, fue una semana de muertes de coetáneos en mi despertar definitivo en el deporte. Justo cuando empecé a seguir más el ciclismo fue cuando Vandenbroucke ganara la Lieja-Bastogne-Lieja o asediara las murallas de Ávila en 1999. Justo en la campaña del Lock Out de la NBA. Cuando Montes, junto con Antoni Daimiel, nos contó, noche tras noche, cómo la Regular Season se acortaba en más de 20 partidos. Cómo los San Antonio Spurs se erigían campeones de la mano de David Robinson, Tim Duncan o Sean Elliot.

Entiendo que a muchos, el estilo de Andrés Montes, ese negro que narraba la NBA, no les terminara de convecer. Aunque es cierto que muy pocos podrían encajar tanto en el papel que Montes debía representar. Y es que, como él mismo decía, that´s entertainment. Puro y duro. Y eso es lo que hacía. Entretener y narrar. Dar luz en las interminables noches de NBA con una frescura y un buen rollo difícil de alcanzar. Además, esa parte de locura que se adivinaba en sus comentarios lo hacían mucho más particular. Y, además, vestía con pajarita. Un grande.

Es cierto que el fútbol no casaba con su estilo. Ello no debe hacer que la opinión de la gente cambie, porque Andrés Montes era un gran profesional de la radio, la televisión y, englobando lo anterior, el deporte. Es decir, que más vale el recuerdo de un ¡Melodía de seducción Sprewell! que de un ¡Tiqui-taca Salinas!. Aunque ambos sean divertidos.

Si tuviera que elegir un sólo momento de la carrera de Montes, y teniendo en cuenta que antes de 1998 mi conocimiento sobre Montes es casi nulo, me quedaría con los últimos minutos del sexto partido de la final de la NBA de ese mismo año. Un Utah Jazz – Chicago Bulls antológico. De hecho, estoy seguro que si le das a elegir a cualquier persona un momento de Andrés Montes, seguramente ese sea el momento que elegiría. Atropellado, loco, desordenado… y genial.

Hasta siempre, jugón.

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